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Porco Rex

Nos tomamos el trabajo que muy poco hicieron y nos sentamos a escuchar con detenimiento el disco del Indio Solari. He Aquí nuestras conclusiones

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Carlos “El Indio” Solari lanzó su segundo trabajo discográfico – post-Redondos – esta vez no como Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado (nombre de la banda que lo acompaña) sino que se da a entender, en un paralenguaje, que es un material del “Indio”. Llamativamente el álbum se llama PORCO REX, algo que cualquiera asociaría fácilmente con las siglas “PR”. Empero El Indio reconoció que – más allá de que no se les pasó de largo este detalle – hacía referencia a toda la parafernalia sexual de los medios de comunicación y de la sociedad actual.

El disco incluye trece canciones y fue presentado en el mismo formato que el anterior (emulando a los folletos de los programas de los museos); contiene la particularidad de llevar su retrato en la portada – algo que nunca había sucedido en su carrera. Obvio que la originalidad de Solari intentó camuflarlo bajo elementos caricaturescos o del trabajo de un editor de imágenes digitales.

Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado está conformado por: Gaspar Banegas y Baltasar Comotto en guitarras, Marcelo Torres en bajo, Hernán Arramberri y Martin Carrizo en batería y percusión, los siempre dulces coros de Deborah Dixon y remplazando al “Artista Invitado”, aparece Monsieur Sandoz, quien se encargó de todo lo demás (el seudónimo está inspirado en el nombre del laboratorio donde, a mediados del siglo pasado, Hofmann descubría accidentalmente al LSD).

A lo largo de los 13 temas Solari recrea diferentes situaciones dentro de sus composiciones. Si bien casi todos cuentan con la particularidad de comenzar con una batería electrizante que desde comienzo a fin tiene una importancia notable en cuanto a la energía que emana del disco.

Con un minucioso trabajo de producción, que asimismo no cuenta con la ingeniosa producción de El Tesoro de los Inocentes, éste material no deja de ser admirable. Los arreglos varían en cada canción e intentan amoldarse a las necesidades de las letras.

Podría decirse que algunas de ellas tratan el desamor o las frustraciones de la convivencia, en casos como “Ramas Desnudas” (un reencuentro que no prospera), Sopa de Lágrimas, Vuelo a Sidney, Bebamos de las Copas más Lindas que Tenemos (donde claramente anuncia “Esto no es más que un himno de amarguras de amor”) o el radiante hitt de Flight 956 (en el cual nos figura la triste despedida del poeta en el aeropuerto).

La única canción de amor – que incluso está profetizado por el propio Solari – es “Y Mientras Tanto el Sol se Muere”. Una bellísima balada-rock dedicada a “su compañera”.

Por otra parte están los temas en los que el Indio se pone su traje de francotirador y comienza a disparar verdades y acusaciones por doquier. Desde canciones que parecen ser introspectivas y reflexionar sobre su personalidad como Veneno Paciente (donde canta/susurra a dúo con el inefable Andrés Calamaro) o Martinis y Tafiroles y Porqué será que no me quiere Dios.

Por último están aquellos versos en los que Solari focaliza un receptor y comienza a disparar a discreción contra su objetivo; como se puede apreciar en el tema que abre el disco. “Pedía siempre temas en la radio”, un rockito que desde el comienzo arrasador de la batería demuestra la propuesta del Indio para este material: Bien energizante. Contando la historia de “un tipo remilgado, un garabato que fue de los juguetones y es el pingüino más gil”. Si se nos permite la interpretación, la historia podría estar narrando la mala fortuna de un chaval que se creía el más astuto del barrio y que “con el tiempo la reja mordió” por alguna trampa de su pares. La historia del chaval al que le montan una tragedia; que nunca será publicada en los medios.

Así como en “Te estás quedando sin balas de plata” donde, con interpelación al receptor, el poeta ataca con sus mejores armas y con su dedo inquisidor le señala cada uno de sus errores. Sin duda este tema tiene mucha personalidad y es un claro reflejo de aquellas viejas canciones Ricoteras. Donde se pueden apreciar algunas reminiscencias con Luzbelito, cuando al comienzo de la canción se percibe un sonido de “electricidad” (el chillido de los magnetismos).

También se puede destacar el trabajo de las voces en esta pista. La voz del Indio que susurra un “Es encantador; Tan encantador” en el estribillo recibe un tratado completamente diferente cuando canta sobre la prosa. Asimismo, los aullidos compungidos a los que nos tiene acostumbrados no se hacen desear cuando grita con vital esencia: “Y es encantador que pueda sentirme así”.

O bien – otro tema que se encamina al hit – “Tatuaje” en el cual hasta se toman el permiso de hacer un pequeño guiño a sus influencias con un riff potente que sobre el final avanza como un “Zeppelín de plomo”.

Por último queda el tema que le dio nombre a la placa, Porco Rex: que viene a ser una nueva generación de aquel Luzbelito que siendo una especie de espectro tiene que atenerse a las crueldades de la vida en sociedad. “Esta vez Porco Rex se va a dejar llevar por su alma” pero Solari anticipa que lo usaran de carnada. Que va a ser victima de lo que esta por pasar (o lo que está pasando).

Nuevamente el Indio Solari rellena una escena rockera que casi no se encuentra en estos tiempos. Un compositor comprometido con lo que ve y que apunta a sentimientos intensos. Con su prosa siempre abierta a una infinidad de interpretaciones y con un trabajo de producción musical destacable. Si bien alguna vez declaró haber jugueteado con la posibilidad de llevarlo a los escenarios en forma de Trío, este trabajo claramente está desempeñado en una textura musical bastante elaborada, con dos guitarras que se entrelazan continuamente entre melodía y armonía; e incluso en algunos temas se pueden escuchar tres guitarras como en Flight 956.

También se animó con las baterías electrónicas, los zamplers, rasgueo algunas guitarras y ahora le ha llegado el momento de vestirse de traje y corbata – fingiendo ser un tipo normal – para poder arreglar algunas fechas en el interior del país. Mas nunca se olvida de que lleva un par de años sin pisar la Capital.

Quizás este sea el disco que lo devuelva al coliseo y así pueda hacer vibrar nuevamente las paredes del Monumental.

Por Dei Pier.